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 La Palma flores y lava 
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VAMOS A ... LA PALMA


Una isla canaria para los que no buscan marcha discotequera ni complejos hoteleros a lo grande. Aquí el mejor plan es el silencio

Andrew Ferren

En mis ocho años escribiendo artículos de viajes desde Madrid, La Palma ha sido la isla canaria que más me han recomendado mis amigos españoles y otros periodistas; todo el mundo excepto los residentes de la isla. Pregunten a un palmero por los encantos de su isla, y lo primero que suelen decirle es que no se hagan muchas ilusiones. No es que quieran guardarse para ellos su rinconcito del paraíso -conocido, y con razón, como La Isla Bonita-, sino que prefieren ahorrarles el viaje si van por los motivos equivocados.

Muchas de las cosas que alguien -sobre todo un guiri como yo- podría ir a buscar a una isla canaria escasean aquí (si es que no son del todo inexistentes). No hay centros comerciales, discotecas ni hoteles mastodónticos invadiendo las playas. De hecho, ni siquiera hay mucha playa. La vertiginosa topografía volcánica de la isla ha creado hermosas cuevitas, pero normalmente requiere cierto esfuerzo llegar hasta ellas, y en muchas solo caben unas docenas de adoradores del sol y a lo mejor un chiringuito.

En lugar de hoteles de lujo, encontrarán plantaciones de plátanos que ocupan cualquier extensión de tierra lo bastante llana como para construir un campo de golf. Quizá por eso, muchos residentes de las otras islas, aparentemente "mejor equipadas" con diversiones artificiales, suelen dar el salto a La Palma para pasar las vacaciones. El atractivo de La Palma estriba tanto en lo que la isla no posee -turismo de masas, cadenas de restaurantes y discotecas abiertas hasta el amanecer- como en lo que sí ofrece, es decir, relajación y descubrimiento.

De modo que, aunque puede que La Palma no sea el mejor mercado para recorrer los bares en busca de amante, es el mejor destino cuando ya lo tienes. La isla es una escapada perfecta para dos, especialmente una pareja que disfrute con las rutas panorámicas y los paseos por los diversos paisajes de la isla. Existe incluso un establecimiento, el hotel La Palma Romántica (Las Llanadas, s/n; Barlovento; 922 18 66 21; www.hotellapalmaromantica.com), con balneario y rutas naturales pensadas para parejas.

La Palma, la única isla de las Canarias que tiene agua en la superficie -hay un riachuelo, manantiales y hasta alguna cascada-, luce todo el año un manto verde que contrasta enormemente con las formaciones rocosas de lava negra de la isla, así como las aguas azul celeste del Atlántico. Esto es así sobre todo en la costa norte, donde las montañas extremadamente escarpadas forman valles profundos que protegen ecosistemas únicos situados unos junto a otros, a menudo en la cara opuesta de una misma colina. Recorriendo las serpenteantes carreteras del norte vemos cómo el paisaje se transforma por completo a cada curva.

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Paisaje volcánico en Fuencaliente, al sur de La Palma.WILFRIED KRECICHWOST

La ruta volcánica

Pero la mejor manera de explorar La Palma -desde 2002, reserva de la biosfera de la Unesco- es caminar por los cientos de kilómetros de rutas bien señalizadas que atraviesan la isla, desde la Caldera de Taburiente, envuelta en nubes, hasta los famosos bosques de laurisilva, como Los Tilos, y las rápidas aguas de los Nacientes de Corderos y Marcos. Quienes dispongan de más tiempo y energía pueden probar la Ruta de los Volcanes, una caminata de cinco horas por la columna volcánica de la isla, que ofrece panorámicas de las costas este y oeste. Denle un toque más romántico caminando de noche bajo la luna llena.

Uno de los paseos más atractivos por el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente empieza en el Mirador de Brecitos, atraviesa la zona de acampada situada en el centro del cráter y desciende por el barranco de las Angustias. Se tarda cuatro horas, es una caminata bastante sencilla, incluso para principiantes, y da idea de muchos de los ecosistemas de la isla con unas vistas espectaculares a lo largo del camino. Dependiendo de la temporada, hay lugares donde refrescarse, sumergiéndose en los arroyos, aunque en pleno verano suele haber menos agua. Pueden utilizar los taxis de la isla para que los lleven y los recojan, de modo que en muchas rutas no es necesario deshacer lo andado. Hay mapas e información disponibles a las entradas de los parques y las reservas naturales, y también en páginas web como http://reddeparquesnacionales.mma.es o www.senderosdelapalma.com.

A los pies de las montañas y fuera de los bosques también hay mucho que explorar. Cerca de la capital, Santa Cruz, situada en la costa este de la isla, se encuentran algunas de las playas más accesibles (y cómodas para el usuario), como Los Cancajos y playa Nueva, también conocida como playa de las Focas. La zona cuenta con la densidad más alta de restaurantes.

El parador de La Palma (calle de Zumacal, s/n; Breña Baja; 922 43 58 28; www.paradores.es) quizá no sea la propiedad nacional más impresionante o histórica, pero las espaciosas habitaciones disponen de grandes balcones con sombra y hermosas vistas al mar. La multitud que se congrega por la tarde y noche en torno al bar y el patio interior, sembrado de palmeras y flores llenas de colorido, parece salida directamente de una historia de Somerset Maugham. El excelente restaurante ofrece un menú cambiante basado en especialidades locales, incluidos sus extraordinarios postres, como el tradicional bienmesabe y el arribista Príncipe Alberto, de finales del siglo XX, una mezcla de mousse de chocolate, almendras y bizcocho empapado en café que es característica de la isla.

El restaurante Casa Osmunda (Subida a la Concepción, 2; Breña Alta; 922 41 26 35; http://casaosmunda.blogspot.com/) es otro lugar favorito de siempre. Tiene un interior colorido y una gran terraza, así como una de las mejores bodegas de la isla, donde pueden probar los maravillosos malvasías blancos y también los vinos de tea -envejecidos en barrica de pino- del norte de la isla. La producción de las mejores variedades de estos vinos característicos normalmente es tan reducida que nunca llegan a las tiendas, de modo que no se los deben perder aquí.

Para comidas más informales, prueben el Chipi Chipi (calle de Juan Mayor, 42; 922 41 10 04), donde encontrarán carnes a la brasa y platos palmeros sin florituras. Parte del encanto del Chipi Chipi es su ambiente, que recuerda un poco a un parque temático, con el restaurante principal e hileras de pequeños salones privados para familias o grupos reducidos rodeando un gran patio, todo ello construido con roca volcánica oscura y cubierto de exuberantes plantas tropicales.

Otro favorito de los habitantes de la zona es Casa Goyo, situado cerca del aeropuerto (camino El Lomito Lodero, 120; 922 44 06 03; www.casagoyo.es) y descrito como "más chiringuito que restaurante". Es uno de los lugares preferidos por los isleños para comer pescaíto. Para las mejores carnes a la brasa está el bar Parrilla las Nieves (plaza de las Nieves, 2; Santa Cruz; 922 41 66 00), famoso por su cabrito, conejo y pollo a la plancha, por no hablar de los chicharrones fritos (corteza de cerdo).

Si conducimos en dirección sur, hacia el pueblo de Fuencaliente, atravesamos un paisaje marcado por el devastador incendio del verano pasado, pero que ya da muestras de regeneración con brillantes brotes verdes que afloran de los troncos carbonizados y ennegrecidos de los pinos, un vivo recuerdo de que esta es una tierra de perseverancia.

La mitad sur de la isla también alberga algunas de las mejores playas. Estas incluyen la playa Blanco, entre Mazo y Fuencaliente, en la costa sureste y cerca del faro de Punta el Lajio. La playa es bonita y segura para nadar, algo a tener en cuenta en la isla, ya que las fuertes corrientes pueden hacer que en algunas aguas el baño resulte peligroso.

También merece la pena visitar la pequeña cala de El Charco Verde, localizada cerca de Puerto Naos y una de las playas más tranquilas (y seguras) para el baño. En la región se encuentran asimismo la playa del Faro, la de la Zamora y la playa Chica, todas ellas de arena negra asombrosamente bellas y embutidas entre los volcanes y el mar. Con un irónico nombre, la única playa nudista de la isla es la playa de las Monjas, situada a 1,5 kilómetros al sur de Puerto Naos.

En cualquier playa de la isla, presten atención a las condiciones del océano. A menudo presenta corrientes intensas y un fuerte oleaje. Si no ven a lugareños bañándose, es mejor no arriesgarse a hacerlo solos. Si preguntan, la mayoría de los hoteles les informarán de las condiciones de las playas, que varían en función de la temporada y de la climatología del momento.

Es obligado darse una vuelta por la costa norte de la isla, con sus picos montañosos, sus valles profundos y sus vistas espectaculares, y aunque paren solo una vez para comer, el viaje ocupará buena parte del día debido a las características de las carreteras, que tienen una cantidad increíble de curvas. Por suerte, la región ahora está salpicada de numerosas casas rurales para alquilar. Hasta hace poco, muchas eran viviendas de pueblo descuidadas, cuando no olvidadas, pertenecientes a palmeros cuya familia se había trasladado hacía mucho tiempo a centros urbanos de la isla como Santa Cruz o Los Llanos de Aridane, pero que ahora han sido restauradas y convertidas en propiedades de alquiler. Otras han sido adquiridas y restauradas por los emigrantes llegados del norte de Europa que aprecian el maravilloso clima de La Palma, su naturaleza prístina y su estilo de vida sencillo.

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Un tajinaste rosado, endémico de La Palma, en la Caldera de Taburiente.ANDONI CANELA

Aldeas con estilo bohemio

Una estancia con pernoctación incluida en la parte septentrional de la isla significa que podrán salir del coche más tiempo del que se tarda en hacer una foto y explorar la vida de pueblo en pequeños pagos cuyo aspecto es muy similar al que tenían hace un siglo, aunque con un aire algo más internacional y bohemio del que conoció la abuela.

Los lugares que vale la pena explorar incluyen Garafía, Roque del Faro, El Tablado, Gallegos y Barlovento. Entre los restaurantes destacados de la zona se encuentra el restaurante Azul (El Castillo, 13; Garafía; 922 40 06 60), pequeño y popular entre los habitantes procedentes del norte de Europa, de modo que es mejor reservar con antelación. Otro favorito entre los residentes es el restaurante Reyes (calle de Roque del Faro, 14; 922 40 04 84).

Los fines de semana hay un mercadillo cerca de Puntagorda donde se venden productos y exquisiteces palmeras tradicionales: quesos de cabra, mermeladas, panes artesanales y artesanías que incluyen coloridas cerámicas y esculturas y utensilios de madera. El mercado desprende una curiosa atmósfera hippy y también internacional, ya que muchos de los vendedores son británicos, alemanes y holandeses que se han afincado en la isla y celebran su generosidad única. Como dice un lugareño cuando habla del éxito del mercado, "a veces necesitamos a un extranjero para darnos cuenta de lo mucho que damos por sentado los maravillosos productos y tradiciones de nuestra hermosa isla".

Andrew Ferren colabora en el suplemento de viajes de The New York Times y en la revista Travel & Leisure.

http://elviajero.elpais.com/articulo/vi ... avje_2/Tes

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"Soy una idealista, no sé dónde voy, pero estoy en camino"


24.07.2010 19:56
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com